miércoles, 29 de junio de 2011

Economía Azul




A estas alturas, ¿Quién puede poner en duda que el mundo necesita un nuevo modelo económico? Hay que buscar la manera de satisfacer las necesidades básicas del planeta y de todos sus habitantes con lo que la Tierra produce.
Se han adoptado muchas medidas importantes hacia la sostenibilidad y la ecología; no obstante, son necesarias soluciones que nos permitan dar un importante salto hacia adelante. Los modelos económicos del pasado han colapsado y la Economía Verde ha sido la única respuesta sería.
El principal desafío de la economía verde consiste en que exige que las empresas aumenten las inversiones, y los consumidores paguen más.


Esto es válido y justificado cuando la economía mundial está en proceso de expansión y el desempleo disminuye, o cuando los principales agentes del mercado cuentan con recursos financieros suficientes. Pero resulta difícil cuando la demanda desciende y la confianza del consumidor disminuye, y aún más difícil cuando las personas se percatan de que sus empleos corren peligro.
En numerosas ocasiones, la sustitución de un producto o proceso por otro más sostenible no ha tenido las consecuencias deseadas. Por ejemplo, la utilización del maíz como materia prima tanto para los biocombustibles como los bioplásticos ha encarecido el coste del cereal, lo que ha supuesto poner en peligro el acceso a un alimento básico a millones de personas, y ha estimulado a la industria a que adopte controles genéticos para obtener producciones estandarizadas y predecibles.
Gunter Pauli, es el gurú de un nuevo modelo económico la Economía Azul, una economía sostenible pero también competitiva, capaz de ofrecer tanto beneficios ambientales como beneficios financieros y sociales.
La idea de la Economía Verde de sustituir productos tradicionales por otros que respeten el medio ambiente (por ejemplo, las energías renovables) es buena. Pero si el cambio se produjera a nivel de procesos y no de productos, podría llegar a ser muchísimo mejor. Estos nuevos procesos se basarían en seguir el ejemplo de la propia naturaleza y aprovechar los deshechos que están al alcance de nuestra mano pero que no se utilizan.
Para entenderlo mejor, podemos tomar como referencia el café:
Por cada taza de café consumida, sólo se ingiere un 0,2% de producto, el resto se tira (el café es el segundo producto más intercambiado en el mundo después del petróleo).
La economía azul se plantea qué es lo que se puede hacer con tantas toneladas de café que se desechan cada día en el mundo. En primer lugar, Pauli descubrió que se podía utilizar para cultivar hongos tropicales, muy saludables y que se venden a un precio más que competitivo. Además la cafeína acelera el proceso. Así pues, puso en marcha su proyecto de economía azul, que hoy en día ya tiene empleadas a 15.000 personas. Por otro lado, los residuos de café son muy ricos en aminoácidos esenciales, lo que los hace perfectos para alimentar a gallinas, gatos y perros. Además, con las bacterias de los excrementos de estos animales se puede crear biogás. De esta manera, hemos creado alimentos, puestos de trabajo y energía con el 99,8% del café que tiramos a la basura todas las mañanas.
Interesante, ¿no?



Fuente: PNUMA


Más información, en la web del proyecto ZERI http://www.zeri.org/

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